A apenas media hora de Gijón, en el corazón de la comarca de la sidra, se esconde una experiencia que muchos viajeros pasan por alto: las catas de sidra natural en los llagares tradicionales de Villaviciosa. Mientras las guías turísticas se centran en los chigres urbanos y las sidrerías de Gijón, los auténticos templos de la manzana asturiana están en estos valles verdes donde la sidra se elabora como hace siglos.
Villaviciosa no es solo un pueblo bonito con su casco histórico medieval. Es la capital de la sidra natural, el lugar donde la tradición sidrera se vive con una intensidad que no encontrarás en ninguna otra parte de Asturias. Aquí, las catas no son un espectáculo turístico: son una inmersión real en una cultura milenaria.
Por qué Villaviciosa y no los chigres de Gijón
La primera vez que visité un llagar en Villaviciosa entendí la diferencia. En Gijón puedes beber sidra excelente, sí, pero en Villaviciosa la bebes donde nace. Ves los manzanos, hueles la fermentación natural, tocas las kupelas de madera centenarias y comprendes que la sidra no es solo una bebida: es un ecosistema completo.
Los llagares tradicionales de esta zona son pequeñas empresas familiares, muchas de ellas con varias generaciones produciendo sidra. No tienen grandes presupuestos de marketing ni aparecen en las primeras búsquedas de Google, pero elaboran algunas de las mejores sidras naturales de Asturias. Y lo mejor: ofrecen catas íntimas, auténticas, donde el propio llagareru te explica su proceso mientras escancia directamente desde la kupela.
El Llagar de Castañón: mi descubrimiento favorito
Entre todos los llagares que he visitado, el Llagar de Castañón, en la parroquia de Quintes, es el que más me marcó. No es el más grande ni el más famoso, y precisamente por eso conserva esa autenticidad que buscamos los viajeros curiosos.
La familia Castañón lleva cuatro generaciones haciendo sidra. Cuando llegas, te recibe el olor dulzón de las manzanas fermentando. El llagar es una construcción tradicional de piedra y madera, con las kupelas alineadas en penumbra. La cata la conduce Marcos, el actual llagareru, un tipo que habla de las variedades de manzana con la pasión de un sommelier del vino.
Te explica las diferencias entre la raxao, la durona de tresali y la blanquina. Te cuenta cómo la mezcla de variedades ácidas, dulces y amargas define el carácter de cada sidra. Y luego viene lo mejor: te enseña a escanciar correctamente, ese gesto teatral pero necesario que oxigena la sidra y libera sus aromas.
Qué incluye la experiencia
La visita al Llagar de Castañón dura entre hora y media y dos horas. Empieza con un recorrido por los pomaradas (así llaman a los huertos de manzanos), donde Marcos te muestra los árboles y explica la importancia de cada variedad. Luego pasas al llagar propiamente dicho, donde está la prensa tradicional y las kupelas.
La cata incluye cuatro sidras diferentes: dos del año en curso y dos de años anteriores, para que aprecies cómo evoluciona el producto. Entre sidra y sidra, hay queso afuegado, chorizo a la sidra y tortos de maíz. Marcos te enseña a catarla: el color, los aromas, el punto exacto de acidez, el «chispe» (ese toque carbónico natural).
Es fundamental reservar con antelación, porque las visitas son muy reducidas (máximo 8-10 personas) y suelen llenarse, especialmente los fines de semana. Puedes contactar a través de su web o por teléfono, aunque recomiendo confirmar siempre los detalles antes de ir.
Otros llagares que merecen la pena
Villaviciosa está plagada de llagares tradicionales. Si Castañón no tiene disponibilidad o quieres ampliar la experiencia, hay varias alternativas excelentes.
Llagar El Gobernador
En Castiello, muy cerca del centro de Villaviciosa, este llagar familiar ofrece catas más estructuradas, con un pequeño museo sidrero incluido. Es perfecto si viajas con niños, porque el espacio es más amplio y tienen una zona de juegos. La sidra es de calidad notable y el trato cercano.
Llagar Viuda de Angelón
Uno de los más veteranos, en funcionamiento desde 1890. Está en la parroquia de Quintueles y es un poco más turístico que Castañón, pero mantiene toda su esencia. Ofrecen catas guiadas y también tienen una tienda donde comprar sidra, mermeladas de manzana y otros productos locales.
Llagar de Colloto
Situado en un entorno espectacular, rodeado de pomaradas, este llagar es ideal si buscas algo más íntimo y menos conocido. Las visitas son solo con reserva previa y en grupos muy pequeños. La experiencia es casi privada y el llagareru, Pepe, es un auténtico maestro del escanciar.
Cuándo ir y cómo llegar
La mejor época para las catas de sidra en Villaviciosa es de octubre a mayo, coincidiendo con la temporada de producción. En otoño puedes ver la recolección de manzanas y la prensada; en invierno y primavera, la fermentación y el trasiego. El verano también funciona, pero muchos llagares reducen su actividad porque la producción está parada.
Desde Gijón, Villaviciosa está a unos 35 kilómetros por la AS-255, una carretera comarcal que atraviesa paisajes preciosos. El trayecto dura unos 30-35 minutos en coche. También puedes llegar en autobús (línea ALSA Gijón-Villaviciosa), con salidas frecuentes desde la estación de autobuses de Gijón. El bus tarda algo más, unos 45 minutos, pero es cómodo y económico.
Si no tienes coche, te recomiendo alquilar uno para el día. La flexibilidad de moverte por la zona, visitar varios llagares o acercarte después a la costa (Rodiles, Tazones) vale mucho la pena.
Consejos prácticos para tu visita
Aquí van algunos detalles que he aprendido tras varias visitas a llagares de Villaviciosa:
- Reserva siempre: Los llagares tradicionales no están preparados para recibir visitas sin avisar. Llama o escribe con varios días (mejor semanas) de antelación.
- Ve con hambre: Las catas suelen incluir picoteo, y es generoso. No desayunes demasiado.
- No conduzcas después: Aunque se escupe parte de la sidra en las catas profesionales, acabarás bebiendo. Si vas en coche, designa un conductor que no pruebe alcohol o deja el coche y vuelve en taxi o bus.
- Pregunta por la sidra natural de hielo: Algunos llagares elaboran una sidra especial usando manzanas heladas. Es una rareza que vale la pena probar si está disponible.
- Lleva calzado cómodo: Visitarás pomaradas y naves donde el suelo puede estar húmedo o irregular.
- Combina con el pueblo: Villaviciosa tiene un casco histórico precioso. Dedica tiempo a pasear por sus calles, visitar la iglesia de Santa María de la Oliva (monumento nacional) y comer en alguno de sus restaurantes tradicionales.
Dónde comer después
Tras la cata, te recomiendo quedarte a comer en Villaviciosa. El Restaurante Casa España, en pleno centro, sirve cocina asturiana de toda la vida: fabada, cachopo, arroz con leche. El ambiente es familiar y los precios, razonables.
Si prefieres algo más informal, la Sidrería El Congreso, también en el centro, tiene buenos pinchos y raciones. Y por supuesto, más sidra, aunque después de la cata quizá prefieras un café.
Más allá de la sidra: qué ver en los alrededores
Si haces de la cata de sidra una escapada de día completo, hay varios lugares cercanos que complementan perfectamente la experiencia.
La playa de Rodiles, a 10 minutos en coche, es una de las más bonitas de Asturias: un arenal inmenso protegido por dunas y perfecto para pasear (aunque el agua siempre está fría). El pueblo marinero de Tazones, donde desembarcó Carlos V cuando llegó a España, conserva un encanto de postal con sus casas de colores y su puerto diminuto.
Y si te apetece naturaleza pura, la Ría de Villaviciosa es un espacio protegido donde puedes observar aves acuáticas. Hay rutas señalizadas que recorren sus orillas, ideales para una caminata digestiva después del festín sidrero.
Una experiencia que cambia tu forma de beber sidra
Volver a Gijón después de una cata en Villaviciosa es diferente. Cuando entras en un chigre y pides una botella, ya no es solo sidra: es el trabajo de meses, el conocimiento de generaciones, el carácter de un territorio. Reconoces los aromas, valoras el punto de acidez, entiendes por qué se escancia de esa manera.
Las catas de sidra natural en Villaviciosa no son solo una actividad turística más. Son una puerta a una cultura profunda, a una forma de vida que resiste en estos valles verdes del norte. Y eso, créeme, no lo encontrarás en ninguna guía convencional.




