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Gastronomía

Catas de vino y ollas en Villena: secreto alicantino

25 de octubre de 2026

Cuando piensas en Alicante, probablemente te vienen a la mente las playas del Mediterráneo, el Castillo de Santa Bárbara o las Hogueras de San Juan. Pero a apenas 60 kilómetros de la capital, en el interior montañoso de la provincia, se esconde un secreto enológico que pocos conocen: Villena y su tradición vinícola centenaria, ligada de forma inseparable a las famosas «ollas» de barro que han dado nombre a una Denominación de Origen única en Europa.

He visitado Villena en varias ocasiones, y cada vez descubro algo nuevo en esta ciudad medieval que, lejos del turismo de sol y playa, conserva una autenticidad difícil de encontrar. Aquí, el vino no es un producto turístico reciente: es historia viva, tradición familiar y, sobre todo, una forma de entender la tierra.

El secreto de las ollas: vino fermentado en barro desde hace siglos

La peculiaridad de Villena reside en sus bodegas artesanales que aún conservan el método tradicional de fermentación en tinajas de barro, las llamadas «ollas». Estas vasijas de arcilla, algunas con más de 200 años de antigüedad, se entierran parcialmente en el suelo de las bodegas para mantener una temperatura constante. El resultado es un vino con personalidad propia, terroso y complejo, que poco tiene que ver con los vinos elaborados en acero inoxidable.

La DOP Vinos de Alicante ampara esta zona del Alto Vinalopó, donde las variedades Monastrell, Garnacha Tintorera y Moscatel encuentran en el clima continental y la altitud (entre 500 y 800 metros) las condiciones perfectas para desarrollar vinos de gran carácter. Los inviernos fríos y los veranos calurosos, con esa amplitud térmica tan marcada, concentran los azúcares y aromas de las uvas de forma natural.

Bodegas familiares donde el tiempo se detiene

A diferencia de otras zonas vinícolas más comerciales, en Villena las visitas son íntimas y personales. Aquí no encontrarás grandes complejos turísticos con restaurantes de diseño, sino bodegas familiares donde el propio enólogo o el dueño te recibe en su casa, te abre las puertas de su cueva centenaria y comparte contigo historias que han pasado de generación en generación.

Una de mis experiencias más memorables fue en una bodega situada en el casco antiguo, justo bajo una casa señorial del siglo XVIII. Descendimos por unas escaleras estrechas de piedra hasta llegar a una cueva excavada en la roca, donde la temperatura se mantenía constante a 15 grados incluso en pleno agosto. Allí, entre las ollas de barro alineadas como gigantes dormidos, el bodeguero nos explicó cómo su bisabuelo había construido aquellas tinajas con sus propias manos.

Cómo organizar tu visita a las bodegas

Las visitas suelen ser con reserva previa, algo imprescindible dado el carácter familiar de estos espacios. Lo ideal es contactar con varias bodegas antes de tu viaje, ya que algunas solo abren en determinadas épocas del año o requieren un mínimo de personas. La Oficina de Turismo de Villena puede facilitarte contactos actualizados y ayudarte a organizar la ruta.

Dedica al menos medio día a esta experiencia. Una visita típica dura entre una hora y media y dos horas, e incluye el recorrido por las instalaciones, explicación del proceso de elaboración y, por supuesto, la cata de varios vinos. Algunas bodegas ofrecen también maridajes con productos locales: embutidos de la zona, quesos artesanos, aceitunas y el famoso «gazpacho villenero», un plato tradicional que nada tiene que ver con el andaluz.

Más allá del vino: la gastronomía del Alto Vinalopó

La experiencia enológica en Villena no estaría completa sin sumergirse en su gastronomía. Esta tierra de interior, frontera histórica entre Castilla y Valencia, ha desarrollado una cocina contundente y honesta, perfecta para acompañar sus vinos robustos.

El gazpacho villenero es el plato estrella: una torta de harina sin levadura que se desmenuza y se cocina con conejo, liebre o pollo, caracoles y setas. No tiene nada de líquido ni frío; es un guiso espeso y reconfortante que se prepara tradicionalmente en las jornadas de caza. Otro imprescindible es el «arroz con conejo y caracoles», que aquí se elabora con un punto de caldo, en su término justo entre el arroz seco y el caldoso.

Dónde comer en Villena

En el casco antiguo encontrarás varios restaurantes donde prueban estos platos tradicionales. Te recomiendo buscar los que frecuentan los locales, normalmente situados en calles secundarias más que en la plaza principal. Pregunta siempre si tienen vino de la tierra en jarra o en botella; muchos establecimientos sirven vinos de bodegas locales que no encontrarás en otros sitios.

Los precios son razonables, especialmente si los comparas con las zonas costeras. Un menú completo con vino suele rondar cifras muy asequibles, aunque conviene confirmarlo al llegar.

El entorno: castillo, tesoro y paisaje de viñedos

Aprovecha tu visita a Villena para conocer también su impresionante Castillo de la Atalaya, uno de los mejor conservados de la provincia. Desde sus murallas se contempla todo el altiplano y los viñedos que lo rodean, un paisaje que cambia de color según la estación: verde intenso en primavera, dorado en verano y ocre en otoño.

No te pierdas tampoco el Museo Arqueológico, donde se expone el famoso Tesoro de Villena, el segundo conjunto de orfebrería de oro más importante de Europa tras el de las Tumbas Reales de Micenas. Es una colección impresionante que pone en contexto la riqueza histórica de esta tierra.

Cuándo ir y cómo llegar

La mejor época para visitar Villena desde el punto de vista enológico es el otoño, especialmente septiembre y octubre, cuando tiene lugar la vendimia. Algunas bodegas organizan actividades especiales en estas fechas, y el paisaje de los viñedos con sus hojas rojizas es espectacular. La primavera también es excelente, con temperaturas suaves y el campo verde.

Evita los meses de julio y agosto si no soportas bien el calor, ya que en el interior las temperaturas pueden superar los 35 grados. El invierno es tranquilo y auténtico, aunque algunas bodegas reducen su actividad.

Acceso desde Alicante

Desde Alicante capital, Villena se encuentra a unos 60 kilómetros por la A-31 (Autovía Madrid-Alicante). El trayecto dura aproximadamente 45 minutos en coche. También hay conexión en tren de Cercanías, aunque para visitar las bodegas dispersas por el término municipal es más práctico ir en vehículo propio.

Si no dispones de coche, algunas bodegas ofrecen servicio de recogida en la estación o en tu alojamiento, especialmente si reservas una experiencia completa con comida incluida.

Consejos prácticos para tu experiencia enológica

Aquí van algunas recomendaciones basadas en mi experiencia visitando la zona:

  • Reserva con antelación: las bodegas familiares no funcionan como los grandes complejos turísticos. Necesitan preparar tu visita, y algunas solo atienden con cita previa.
  • Pregunta por las ollas: no todas las bodegas conservan el sistema tradicional de fermentación en tinajas de barro. Si esto te interesa especialmente, asegúrate al reservar.
  • Combina vino y patrimonio: dedica tiempo también al casco histórico y al castillo. La experiencia es mucho más completa si entiendes el contexto cultural de la zona.
  • Compra vino para llevar: los precios en bodega son excelentes y encontrarás referencias que no se distribuyen fuera de la zona. Eso sí, respeta los límites de tu maletero si viajas en avión.
  • Come en Villena: la gastronomía local merece tanto la pena como el vino. Busca restaurantes tradicionales y prueba los platos de caza y los arroces.

Una escapada diferente en el interior alicantino

Villena representa esa España interior que a menudo queda eclipsada por el turismo de costa, pero que guarda tesoros auténticos para quien se atreve a salir de los circuitos habituales. Aquí el enoturismo no es una moda reciente ni un negocio impersonal: es tradición viva, historias familiares y vinos con alma que saben a tierra y a tiempo.

Si buscas una experiencia enológica diferente en Alicante, lejos de las masificaciones y cerca de la esencia de lo auténtico, esta escapada al Alto Vinalopó te sorprenderá. Y quién sabe, quizá acabes volviendo a casa con alguna botella de ese vino fermentado en ollas centenarias, un pedacito líquido de historia que pocos conocen.