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Cultura

Ruta guiada por los búnkeres secretos de Gijón

18 de octubre de 2026

Gijón esconde bajo sus calles, parques y playas una red de túneles, búnkeres y refugios antiaéreos que muy pocos visitantes conocen. Mientras la mayoría de turistas se concentran en el Elogio del Horizonte o las Termas Romanas, existe una experiencia fascinante que te sumerge literalmente en las entrañas de la historia más reciente de la ciudad: una ruta guiada por los búnkeres secretos que se construyeron durante la Guerra Civil española.

Descubrí esta experiencia casi por casualidad, preguntando en la Oficina de Turismo por visitas guiadas en Gijón que fueran más allá de lo típico. La respuesta me llevó a conocer un Gijón subterráneo, silencioso y cargado de memoria histórica que pocos conocen.

El Gijón oculto de la Guerra Civil

Durante la Guerra Civil, Gijón fue uno de los últimos bastiones republicanos del norte de España. Entre 1936 y 1937, la ciudad sufrió intensos bombardeos aéreos y navales que obligaron a la población civil a buscar refugio bajo tierra. Lo que muchos desconocen es que gran parte de esa infraestructura defensiva sigue ahí, oculta pero accesible.

Los búnkeres secretos de Gijón no son monumentos señalizados ni aparecen en las guías turísticas convencionales. Algunos están camuflados en parques públicos, otros bajo edificios contemporáneos, y varios permanecen sellados por motivos de seguridad. Acceder a ellos requiere una visita guiada especializada, y precisamente ahí radica su encanto: la sensación de estar descubriendo algo que permanece fuera del circuito turístico masivo.

Cómo es la experiencia de la ruta guiada

La ruta comienza habitualmente en el entorno del puerto deportivo o en el barrio de Cimadevilla, dependiendo del tour guiado en Gijón que contrates. Los grupos son reducidos —normalmente no superan las 15 personas— lo que permite una experiencia íntima y personalizada.

El guía, generalmente un historiador local o especialista en patrimonio bélico, contextualiza primero la situación de Gijón durante la contienda. Luego comienza el descenso: escaleras estrechas, pasillos de hormigón armado, salas abovedadas donde se refugiaban cientos de personas durante los ataques aéreos. La humedad impregna las paredes y el silencio es absoluto, roto solo por la voz del guía y el eco de tus propios pasos.

Qué verás en los refugios antiaéreos

Los refugios antiaéreos de Gijón varían en tamaño y estado de conservación, pero todos comparten una arquitectura funcional y austera. Algunos conservan grafitis de la época, señales direccionales pintadas a mano, nichos para lámparas de aceite y bancos corridos donde la gente esperaba que pasara el peligro.

En ciertos puntos de la ruta, el guía señala las salidas de emergencia —algunas tapiadas, otras reconvertidas en sótanos de viviendas— y explica cómo funcionaba el sistema de alarmas que avisaba a la población cuando se detectaban aviones enemigos.

Uno de los momentos más impactantes es cuando te encuentras en una sala amplia, con capacidad para varios centenares de personas, e imaginas el terror de las familias gijonesas apiñadas ahí, escuchando las explosiones en la superficie. No es una visita ligera: es historia viva, tangible, que te conecta emocionalmente con el pasado.

Entrada camuflada de refugio antiaéreo en Gijón

Consejos prácticos para hacer la ruta

Si te interesa esta experiencia, ten en cuenta varios detalles importantes que te ayudarán a disfrutarla al máximo y evitar contratiempos.

Cómo reservar y cuándo ir

Las visitas guiadas por los búnkeres de Gijón no son diarias ni están disponibles todo el año. Algunas las organizan asociaciones culturales locales, otras forman parte de rutas temáticas ofrecidas por la Oficina de Turismo o empresas especializadas en turismo histórico. Te recomiendo consultar con antelación —al menos una o dos semanas antes de tu viaje— y reservar plaza, porque los cupos son limitados.

La mejor época para hacer esta ruta es primavera u otoño. En verano, el contraste de temperatura entre el exterior y el interior de los búnkeres puede resultar incómodo (dentro hace frío y hay humedad constante). En invierno, aunque la temperatura es más homogénea, algunos accesos pueden estar cerrados por motivos de seguridad si hay lluvias intensas.

Qué llevar y cómo vestir

Aunque parezca obvio, es fundamental llevar calzado cerrado y cómodo. Nada de sandalias ni chanclas: el suelo puede estar húmedo, irregular o resbaladizo. Una chaqueta ligera también es recomendable, porque la temperatura bajo tierra suele rondar los 12-15 grados incluso en verano.

Lleva una linterna pequeña o asegúrate de que tu móvil tenga batería suficiente. Aunque los guías suelen llevar iluminación, algunos tramos están muy oscuros y tener tu propia luz te permitirá observar mejor los detalles.

Duración y nivel de dificultad

La ruta completa suele durar entre hora y media y dos horas. No es físicamente exigente, pero sí requiere cierta movilidad: hay escaleras estrechas, techos bajos en algunos tramos y pasillos donde debes agacharte. No es recomendable para personas con claustrofobia o movilidad muy reducida.

Los niños pueden participar, pero ten en cuenta que la experiencia tiene un componente histórico denso y puede resultar inquietante para los más pequeños. A partir de 10-12 años suele ser una visita muy educativa.

Otros búnkeres y fortificaciones cercanas

Si esta experiencia te engancha, puedes ampliar tu conocimiento del patrimonio bélico asturiano con otras visitas en los alrededores de Gijón. En el entorno del Cabo Peñas, a unos 20 kilómetros al noroeste, existen varios búnkeres costeros de la Segunda Guerra Mundial que, aunque España fue neutral, formaban parte de un sistema defensivo ante un posible desembarco aliado.

Estos búnkeres están al aire libre, camuflados entre los acantilados, y puedes visitarlos por libre. El acceso es gratuito, pero ten cuidado: no están acondicionados para turistas y algunos se encuentran en zonas de riesgo cerca del borde del acantilado. Si vas, hazlo con luz diurna y respetando las señalizaciones.

Por qué merece la pena esta visita

En un mundo donde el turismo tiende cada vez más a la homogeneización y a las experiencias prefabricadas, descubrir los búnkeres secretos de Gijón es un respiro de autenticidad. No encontrarás souvenirs, ni cafeterías temáticas, ni selfies masivos. Lo que sí encontrarás es una conexión directa con la historia, un silencio que invita a la reflexión y la oportunidad de entender mejor el pasado de esta ciudad.

Para quienes buscan tours y visitas guiadas en Gijón que salgan de lo convencional, esta ruta subterránea es una de las mejores opciones. No solo por su valor histórico, sino por la intensidad emocional de la experiencia: bajar a esos refugios es como retroceder en el tiempo y ponerte, aunque sea brevemente, en la piel de quienes los usaron.

Información adicional útil

Aunque no puedo darte precios exactos —varían según la organización que gestione la visita—, ten en cuenta que suelen ser económicos, rondando los 5-10 euros por persona. Algunos tours incluyen también la visita a otros puntos de interés relacionados con la Guerra Civil en Gijón, como el Museo del Ferrocarril o ciertos paneles interpretativos en Cimadevilla.

Para confirmar disponibilidad, horarios actualizados y reservar, te recomiendo contactar directamente con la Oficina de Turismo de Gijón o buscar empresas locales especializadas en turismo histórico. Algunas asociaciones culturales también organizan visitas puntuales, especialmente en fechas conmemorativas.

Si tienes interés en profundizar, el Archivo Municipal de Gijón conserva documentación, fotografías y mapas de la época que contextualizan perfectamente lo que verás bajo tierra. Consultarlo antes o después de la visita enriquece enormemente la experiencia.

Combinar la ruta con otros planes en Gijón

Una ventaja de esta visita es que no te consume el día completo. Puedes hacerla por la mañana y dedicar la tarde a recorrer el casco antiguo de Cimadevilla, tapear en la calle Corrida o pasear por la playa de San Lorenzo. O al revés: disfrutar del Gijón más luminoso y costero durante el día, y reservar la ruta subterránea para última hora de la tarde, cuando la luz crepuscular añade un toque especial al descenso a los búnkeres.

Gijón tiene esa doble alma: la ciudad vibrante, moderna y marinera que ves en superficie, y la ciudad silenciosa, histórica y conmovedora que se esconde bajo tus pies. Descubrir ambas es la mejor manera de entender su carácter.