Cuando pensamos en senderismo en Santiago de Compostela, la imagen que nos viene a la mente suele ser la del Camino de Santiago y sus miles de peregrinos. Pero lo que casi nadie sabe es que en pleno casco urbano compostelano, a apenas diez minutos andando desde la Catedral, existe un corredor verde que parece sacado de otro mundo: la ruta del Río Sar.
He caminado este sendero fluvial en distintas épocas del año y siempre me sorprende cómo un lugar tan accesible puede resultar tan desconocido. Es un recorrido perfecto para quienes buscan naturaleza sin alejarse de la ciudad, para los que quieren estirar las piernas después de días de turismo urbano, o simplemente para descubrir el Santiago más verde y tranquilo.
Un río con historia entre la ciudad y el campo
El Río Sar atraviesa Santiago de Compostela de sur a norte, y durante siglos fue la arteria económica de la ciudad. A lo largo de sus orillas se instalaron decenas de molinos que aprovechaban la fuerza del agua, lavaderos públicos donde las mujeres compartían faena y conversación, y pequeñas huertas que abastecían los mercados compostelanos.
Hoy, gran parte de ese patrimonio sigue ahí, medio escondido entre la vegetación. La ruta que os propongo recorre unos 5 kilómetros (ida y vuelta) siguiendo el cauce del río desde el barrio de Vista Alegre hasta la Colegiata de Santa María del Sar, uno de los templos románicos más singulares de Galicia.
Cómo llegar al inicio de la ruta
El punto de partida más cómodo está en el Parque de Vista Alegre, en la zona sur de Santiago. Si vienes desde el centro histórico, puedes llegar andando en unos 20 minutos bajando por la Rúa do Hórreo o tomar las líneas de autobús urbano que conectan con esta zona (conviene confirmar las líneas actuales en la web del transporte municipal).
Hay aparcamiento gratuito en las inmediaciones del parque, aunque los fines de semana por la mañana puede estar concurrido. Mi consejo es venir entre semana o a primera hora del sábado para disfrutar del sendero con más tranquilidad.
El recorrido: entre alisos, molinos y pasarelas de madera
La ruta comienza junto al parque, donde un cartel discreto indica el inicio del sendero fluvial del Sar. Desde el primer momento, el contraste es brutal: pasas de estar rodeado de edificios a sumergirte en un túnel verde donde el sonido del agua y el canto de los pájaros se convierten en la única banda sonora.
Primer tramo: Vista Alegre – Barrio de Conxo
El sendero discurre por la margen derecha del río, sobre un camino de tierra compactada muy bien mantenido. A ambos lados, alisos, sauces y robles forman una bóveda natural que en primavera y verano crea una sombra fresca y agradable. En otoño, el suelo se cubre de hojas doradas y ocres que crujen bajo los pies.
A los pocos minutos de caminar, aparece el primero de los molinos abandonados. Son construcciones de piedra, con sus muros cubiertos de musgo y hiedra, que parecen formar parte del paisaje. Algunos están restaurados y cuentan con paneles informativos que explican su función; otros permanecen en ruinas, con un encanto melancólico que invita a detenerse y hacer fotos.
El camino cruza varias veces el río mediante pasarelas de madera que añaden un toque de aventura al recorrido. No son complicadas, pero conviene llevar calzado con algo de agarre, sobre todo si ha llovido y las maderas están húmedas.

Segundo tramo: Conxo – Colegiata del Sar
Pasado el barrio de Conxo, el sendero se estrecha un poco y la vegetación se vuelve más densa. Aquí el río forma pequeñas pozas y rápidos que, aunque modestos, crean un ambiente muy fotogénico. En días de lluvia intensa, el caudal aumenta considerablemente y el espectáculo es aún mayor.
Este tramo es mi favorito porque te sientes completamente desconectado de la ciudad, aunque en realidad estés a apenas un kilómetro del centro. Es habitual cruzarse con vecinos que pasean a sus perros, runners que aprovechan el firme blando para entrenar, o familias con niños que disfrutan de un domingo diferente.
El final natural de la ruta es la Colegiata de Santa María del Sar, un templo románico del siglo XII famoso por sus columnas inclinadas, que parecen desafiar la gravedad. Merece la pena entrar a visitarla (suele tener un precio de entrada simbólico) y después tomarse algo en alguno de los bares tradicionales del barrio.
Consejos prácticos para disfrutar de la ruta
Mejor momento para ir: La ruta es transitable todo el año, pero yo la recomiendo especialmente en primavera (abril-mayo) cuando todo está verde y florido, o en otoño (octubre-noviembre) por la explosión de colores. Evita los días posteriores a lluvias muy fuertes, ya que algunos tramos pueden encharcarse.
Duración: El recorrido completo (ida y vuelta) se hace cómodamente en hora y media, aunque si vas parando a fotografiar, leer los paneles informativos y disfrutar del entorno, puedes perfectamente estar dos horas o más.
Dificultad: Muy baja. Es un sendero prácticamente llano, apto para cualquier persona con un mínimo de forma física. No es accesible para sillas de ruedas en todos sus tramos debido a las pasarelas y algunos escalones.
Qué llevar: Calzado cómodo con suela adherente (zapatillas de trail o botas de senderismo ligeras), agua, y en verano, protección solar para las zonas más abiertas. Si vas en invierno, lleva chubasquero; estamos en Galicia y el tiempo puede cambiar en minutos.
Extensiones y rutas complementarias
Si te quedas con ganas de más, puedes alargar el recorrido siguiendo el río más allá de la Colegiata, hacia la zona de Sar de Abaixo. Allí el sendero se vuelve más rural y menos acondicionado, pero ganas en autenticidad y soledad.
Otra opción interesante es combinar la ruta del Sar con una visita al cercano Parque de Belvís, uno de los pulmones verdes de Santiago, o acercarte hasta la Alameda, el parque más emblemático de la ciudad, desde donde tendrás unas vistas espectaculares de la Catedral.
Por qué merece la pena esta ruta
En un destino tan turístico como Santiago de Compostela, encontrar rincones tranquilos y auténticos no es fácil. La ruta del Río Sar te ofrece precisamente eso: un paseo por la historia y la naturaleza compostelanas sin salir de la ciudad, sin masificación, sin prisas.
Es el tipo de experiencia que no aparece en las guías convencionales, pero que te permite entender mejor cómo viven los compostelanos, cómo se relacionan con su entorno y cómo la naturaleza y la ciudad conviven en armonía en esta esquina de Galicia.
Si estás planeando una visita a Santiago y te apetece algo más que monumentos y tapas (que también están muy bien, no me malinterpretéis), reserva una mañana o una tarde para perderte por este sendero fluvial. Te garantizo que volverás con otra perspectiva de la ciudad y con las piernas agradecidas de haber pisado tierra en lugar de adoquines.
Y si eres de los que disfrutan combinando senderismo y cultura, esta ruta es perfecta: empiezas caminando junto al río, terminas visitando una joya del románico y acabas tomándote un vino en un bar de barrio. ¿Se puede pedir más?




